Paz empezó casi sin darme cuenta, en plena pandemia. Con muchas ganas, un montón de dudas y aprendiendo sobre la marcha.
Empezó con unas prendas y carteras que mi abuela me había regalado y que un día decidí vender para poder empezar a construir algo propio.
Lo que quizás nunca imaginé es todo lo que vendría después.
Paz fue creciendo conmigo. A prueba y error. Aprendiendo, equivocándome, volviendo a intentar y celebrando cada pequeño logro.
Hasta que un día pasó algo que para mí significó muchísimo: esa marca que alguna vez vendí para poder empezar, hoy también puedo ofrecerla en mi propio local.
Y creo que ahí entendí que crecer también es mirar hacia atrás y darse cuenta de todo lo que una vez soñaste y hoy es realidad.
Desde la pandemia hasta hoy, Paz se convirtió en muchísimo más que una tienda. Es mi proyecto, mi trabajo, mi cable a tierra y una parte enorme de mí.
No soy perfecta. Nunca lo fui. Pero todos los días intento hacer las cosas un poquito mejor. Elegir prendas que nos gusten de verdad, sumar cosas que nos representen y crear un espacio donde cada una pueda sentirse libre de ser quien es.
Quiero que cuando vengas a Paz puedas mirar, probar, preguntar, sacarte todas las dudas y elegir tranquila. Sin apuros, sin juicios y sin sentir que tenés que encajar en nada.
Porque, sobre todo, deseo que puedas encontrar eso que tanto te gusta: lencería hermosa, ropita canchera, accesorios de moda y, obvio, alguna que otra cosa que vamos sumando como siempre.
Y si hay algo que deseo que encuentres en Paz, además de una prenda que te guste, es la libertad de elegirla porque te hace feliz a vos.
Gracias a las que están desde el día uno.
A las que fueron llegando.
Y a las que recién hoy están conociendo Paz.
Esta casita online también es parte de todo lo que soñé construir.